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Torres vigía y la defensa de la Costa

• El sistema defensivo del litoral, desde la época nazarí hasta el siglo XVIII, estuvo basado en una serie de enclaves, las torres vigía, visualizados entre sí
Torre del Diablo
Torre del Diablo.
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El territorio costero granadino comprendía, en época musulmana, un conjunto de enclaves que iban desde Castell de Ferro (marsa al-Farruh) hasta la alquería de Jate (Sat), y como punto más importante, la ciudad de Almuñécar (al-Munakkab).

Un sistema defensivo y de comunicación que ha permanecido hasta nuestros días, y que fue ampliado durante el siglo XVIII con otras dos nuevas edificaciones, la torre del Tesorillo o Torre del conde de Guadiana, y el castillo de La Herradura.

Las fuentes árabes nos han dejado una rica toponimia de los territorios costeros, casi siempre en relación con los principales hechos históricos y como un elemento de propaganda para magnificar el papel de los sultanes o califas.

Los pueblos costeros tuvieron que asociar las dos actividades principales, agrícolas y pesqueras, en una suerte de comercio interno que permitía un cierto grado de excedentes destinado al comercio con las poblaciones limítrofes. A la almadraba de Jate se unían las pesquerías de las zonas de desembocadura de los ríos Verde y Seco.

El modelo de vigilancia costera de los sultanes nazaríes iba dirigido a la protección frente a dos enemigos potenciales: uno, los meriníes del Norte de África, interesados en el control del Estrecho, y otro, los corsarios cristianos, principalmente portugueses. En ambos casos, el apoyo de que disponían en la costa o el interior del reino granadino era prácticamente nulo, de ahí que sus escaramuzas tuvieran un ámbito exclusivamente ribereño.

A comienzos del s. XIV empiezan a levantarse las torres-refugio, unas construcciones que habrían de situarse en puntos intermedios entre los castillos, el primer nivel de la defensa. Fue en el reinado de Muhammad V, en la segunda mitad del s. XIV, cuando se construyeron las principales unidades defensivas de la costa, incluida la ampliación y reforzamiento del Castillo de Almuñécar.

Desde Cerro Gordo hasta el Barranco de Cambrón, las construcciones militares están constituidas por una red organizada jerárquicamente y conectadas entre sí, a las que se completarían con la incorporación de la Torre del Tesorillo y el Castillo de La Herradura, que complementa de forma diferente esta original utilidad defensiva.

Enclave y arquitectura

Excepto estas últimas, el resto de fortalezas están situadas sobre una elevación natural, entre 150 y 200 metros de altura, sobre un espolón rocoso, que domina una franja amplia de mar y costa. La altura del enclave, la distancia regular con las fortalezas de levante y poniente y la cercanía a espacios habitados, caminos o lugares de fácil embarcadero, eran elementos esenciales para su construcción.

En cada época se tuvieron en cuenta aspectos diferentes. Primaba en la etapa nazarí la defensa de los núcleos habitados, y en época cristiana las posibles conexiones naturales con el interior. La cercanía de una cañada o un valle fluvial constituían las entradas comunes al interior y, por tanto, los puntos estratégicos de defensa.

Las torres presentan una gran uniformidad en cuanto a plantas, alzado, distribución interna y aparejo. Las diferencias se encuentran en las cimentaciones, los vanos o las cubiertas. En líneas generales, la planta es cilíndrica, a excepción de la Torre del Granizo y la Torre de En medio, que son de planta cuadrada. En la mayoría de los casos tienen una forma ligeramente troncocónica.

La altura, que ronda los 10 metros, y su carácter militar permiten una división en tres compartimentos: Hasta media altura, la torre es maciza. A partir de ahí se abre la entrada a un piso cuyos muros son más gruesos en su base que en la parte superior, haciendo de refuerzo al resto de la construcción.

Una escalera interior y un piso cuya cubierta podía ser: de madera reforzado con grandes vigas o de mampostería formando una bóveda esférica rebajada. Las escaleras también son de mampostería con altas tabicas para ocupar menos espacio. Dan paso a la terraza, al puesto de vigilancia. En todos los casos, un peto o unas almenas permiten resguardar a los vigías, sobre todo en la salida de las escaleras.

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